12 junio, 2009

Un pueblo de Extremadura se niega ha acoger la basura atómica.


La comarca extremeña de Los Ibores ha sido la última en recibir el temblor de la alarma nuclear. Sus vecinos han respondido con manifestaciones, las últimas ayer mismo.

No quieren el caramelo económico. Se oponen a que la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (Enresa) emplace en su territorio el Almacén Temporal Centralizado (ATC), que antes de 2011 está previsto que albergue todos los residuos de España.

Es la opción del Gobierno para enterrar la basura atómica de nueve centrales nucleares y 600 hospitales y centros de investigación del país. El basurero albergará, enterrados, más de 12 millones de litros de residuos altamente contaminantes, parte de los cuales permanecerán activos hasta 250.000 años.

Enresa, mediante un anuncio público, ofreció en julio una golosa inversión: 700 millones de euros y más de 400 puestos de trabajo para el pueblo que acepte. Nueve municipios pidieron información. Tras recibirla y pulsar la opinión vecinal, a estas alturas, casi todos han dicho que de ninguna manera.

Los vecinos han creado la plataforma No al ATC siguiendo la estela de otros pueblos incluidos en el censo: Peque (Zamora), Carballo (A Coruña), Vandellós (Tarragona)...

La asociación ecologista Greenpeace filtró la información de que el alcalde de Mesas de Ibor había sido el primero en interesarse por la propuesta de Enresa. Como precedente de mentalidad radiactiva, ya tienen cerca la central nuclear de Almaraz y muchos vecinos viven de ella.

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